lunes, 10 de noviembre de 2014

EL DESAFÍO DE MIRAR CON LOS OJOS DE JESÚS



EL DESAFÍO DE MIRAR CON LOS OJOS DE JESÚS

Este tema es para todos aquellos que aún no sabemos cómo controlar nuestras emociones cuando miramos a una mujer. (Por favor lee este mensaje, solo te tomará unos diez minutos).

Los hombres somos más vulnerables con todo lo que entra por nuestros ojos, ya que por diseño divino somos atraídos mayormente por estímulos visuales.

Mantener la pureza sexual en nuestras miradas viviendo en sociedades tan liberales como las occidentales es un gran desafío para quienes desean agradar a Dios. Esta batalla se libra casi todos los días en casi todos los hombres y la mayoría de los que solicitan consejo bíblico al respecto coinciden en identificar las situaciones de mayor tentación: viajar en medios de trasportes público, enfrentarse a la publicidad, caminar en la calle rumbo al trabajo, tratar con colegas vestidas sensualmente, entre otras. ¿Qué pasa realmente cada vez que ésta batalla se libra? ¿Cuáles son los pasos en la tentación visual?

Primero se mira, luego se evalúa, luego se rechaza o se codicia. El sentido de la vista es un don de Dios, pero si parte de un corazón codicioso, ese sentido será usado para el mal; los ojos se convierten en instrumentos para el pecado. Obsérvese en este texto el énfasis en el propósito con el que se mira en ciertas ocasiones:

Mateo 5:28
“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”

¿Para qué mira este hombre de acuerdo al texto? Para codiciar. Esta mirada tiene intensión, quizás muchas veces uno sea engañado respecto de la intensión del corazón pero de ahí sale el adulterio. Se puede mirar con diferentes propósitos: para predicar el evangelio, para edificar, para ayudar, para proteger, para advertir un peligro y muchos otros ejemplos loables; también alguien puede mirar para agredir, para robar, para matar, para envidiar o como apunta el texto, para codiciar. ¿Cuál es el propósito con el cual uso mi vista? Algunos están tan habituados a la codicia en sus miradas que son derrotados todo el tiempo, no hay otro propósito sino mirar para codiciar.

2 Pedro 2:14
“Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición”

Muchas veces no somos conscientes de un mal propósito interior, sin embargo, enfrentamos situaciones donde somos tentados a mirar. Los pasos son los siguientes: Mirar – Evaluar – Rechazar o Codiciar. Analicemos estos ejemplos: Alguien va caminando rumbo a su trabajo, se para en el semáforo peatonal esperando cruzar la calle. En la acera de enfrente una joven muy atractiva con vestimenta sensual. ¿Cómo actúa este hombre?

Primer paso: Mira (nadie va a cruzar la calle con los ojos cerrados). Segundo paso: Evalúa. Esta evaluación interna le dice si lo que ve le agrada o no. Aquí hay dos alternativas y que serían el Tercer paso: Si No le agrada rechaza, ignora o desprecia en su pensamiento y emociones. Aquí no hay codicia pero hay otros pecados: orgullo, egoísmo, idolatría del yo. Si le agrada lo que vio, entonces desea y codicia, aquí hay adulterio visual. En otros términos: si no es bonita, a otra cosa, porque no hay atracción o satisfacción en verla (nótese que el propósito es puramente egoísta); si es linda, la desea, pues al mirarla encuentra satisfacción y placer… esto es pecado: es codicia aunque para muchos sea algo tan frecuente que se prefiere callar la voz de la conciencia.

Las miradas en la calle ¿Puede alguien tener una buena intensión y aún así ser tentado con su vista? ¡Claro que sí! Siguiendo con el ejemplo citado podríamos imaginar a un hombre que ha orado antes de salir de su casa y desea tener pureza en sus miradas, incluso va pensando en el sermón del domingo rumbo a su trabajo.

Este hombre está parado junto al anterior en el mismo lugar, frente a la misma muchacha atractiva. Él también la vio (pues no va a cruzar la calle con los ojos cerrados) sin embargo, es consciente de su debilidad y su pecado. Sabe que está siendo tentado pues aunque sea cuestión de segundos identifica en su enemigo interior (la carne) deseos de “mirar”, pero también sabe que si mira seguramente caerá en el segundo paso (la evaluación) y luego será más difícil evitar el pecado. Sea que encuentre placer o no, sabe que si llega a evaluar la belleza femenina estará tropezando, por esta razón aplica el principio de la amputación radical.

Mateo 5:29
“Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno”.

El temor de Dios lleva a este hombre a quitarse sus ojos que en forma práctica podríamos decir que es mirar para otro lado, mirar fijo al frente, evitar enfocarse en esa mujer, no dar oportunidad a que su sentido visual reciba el estímulo que su carne le pide. Esta es la forma de mortificar su pecado y negarse a sí mismo para honrar a Dios.

¿Se puede mirar sin llegar a evaluar? Hay situaciones donde tenemos que tratar con alguien y no podremos mirar para otro lado. Posiblemente serán situaciones más fuertes de tentación que desearíamos evitar, si pudiéramos. ¿Qué haríamos entonces? Tenemos en la Biblia una enseñanza central para no caer frente a tentaciones como estas. La vida y el ejemplo de Cristo. El habló con mujeres y sin duda las miró a los ojos con pureza. Los ojos de Jesús no se enfocaron en partes del cuerpo de ellas; no las evaluó en su atractivo físico; él quería hacer la voluntad del Padre y eso incluía en muchas oportunidades tratar con mujeres (la mujer Samaritana, Marta y María, la mujer que ungió sus pies con perfume, María Magdalena y otras) y sus miradas fueron santas en todo tiempo.

La Palabra de Dios nos llama a la pureza visual, la enseñanza de Cristo nos confronta con la gravedad del pecado con nuestros ojos; somos instados a poner en práctica el principio de la amputación radical para evitar caer en el pecado y finalmente, somos llamados a seguir el ejemplo de pureza de Jesús al mirar a las mujeres cuando tengamos que hacerlo. ¿Cómo puede alguien vivir de este modo? Por fe, solamente por fe verdadera y genuina en el Señor y su Palabra.

Hebreos 10:38
“Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma”.

¿Has experimentado la gracia de Cristo que te salva de tus pecados? Recordemos que un día daremos cuentas ante él de todas nuestras miradas.

Hebreos 4:13
“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”.


¡Gracia y Paz!



© Adrián Passarelli. Este material es de libre reproducción y distribución, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

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